Se respira una atmósfera de tensión, y aunque estoy tratando de mantener la calma, pero la ansiedad se está apoderando de mi, siento un nudo en el estómago y unas terribles ganas de llorar.
—Pero querías verlo, con tus propios ojos—me recrimina mi subconsciente. Si pero no pensé que fuera tan difícil.
Escucho la voz de mi tía: —¡Muchas felicidades, su Majestad! Hizo la mejor elección, se lo puede asegurar, se está llenando una verdadera joya.
—De eso no me cabe duda, mi Lady.
—¿Cuándo nos casar