Samantha Thompson sintió que el transporte en el que iba se detuvo luego de algunos minutos de viaje, que aunque no fueron tantos a la joven aterrorizada se le hicieron eternos.
Nuevamente uno de los hombres la cargaba y ella se había cansado de forcejear, tampoco quería hacerse más daño en sus muñecas y tobillos con las ataduras que le hicieron así que se quedó inmóvil hasta que la obligaron a sentarse en una silla, una la cual Samantha sintió bastante cómoda y eso le sorprendió.
¿Quienes e