La hermosa Samantha Thompson vió con enojo su propia mano la cual tenía el bellísimo anillo en ella, para seguidamente suspirar y mirar directamente a los ojos de ese hombre que la arrinconó contra el sofá en una posición bastante incómoda, una en la que podía sentir el calor de su cercana respiración y el roce de sus cuerpos; Samantha suspiró desviando sus ojos verdes de los azules de Leonard.
— Hablas como si estuvieras simplemente celoso, ya eres un hombre de más de treinta años, deberías