32. Capítulo
Al final, asintió con la cabeza y se dejó guiar por él, quien ya tiraba de su mano para conducirla al interior de la mansión. Sin embargo, una vez que llegaron al interior, tuvieron que ser más discretos al actuar y caminar, actuando como si fueran solo un par de conocidos y no dos amantes a punto de consumir todo eso que ardía en sus pieles.

Dentro de la mansión, el magnate tuvo que detenerse en uno que otro momento para saludar a un par de conocidos, y se le veía un tanto frustrado e impacien
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