Capítulo 24
—Eres mía y solo mía. ¡Dios no quiera que te vea sonrojarte delante de otro hombre otra vez! Te tomaré delante de él con tanta fuerza que jamás olvidarás a quién perteneces —dijo con frialdad, pero Sophie no podía explicar por qué la amenaza la había excitado tanto. Sintió cómo se le empapaban las bragas con solo oírle hablarle así.
No podía explicar el deseo que de repente la invadió cuando él rompió el beso. Lo rodeó con los brazos por el cuello y lo acercó antes de besarlo con la