DEMETRIA
—¡Argh! —Gemí, girándome boca arriba mientras estiraba cada músculo entumecido. Miré el reloj de la mesita de noche.
—Maldita sea… ¿12:43? —murmuré. Casi la una de la tarde—. Anoche Marion me dejó agotada. O… el bebé me tiene cansada últimamente —susurré, sonriendo mientras me tocaba el vientre. Todavía no se me notaba, pero ahí estaba nuestro pequeño tesoro. Un osito de goma, como diría Marion. Solté una risata.
Cogí el mando a distancia y abrí las cortinas. La luz del sol inundó la h