Aquellas palabras hicieron que Vincent levantara la cabeza. Por un instante, la esperanza que creía perdida renació en él. Entonces miró a Cale.
Cale seguía de espaldas a él. No se movió, pero Vincent sabía que no se le había escapado ni una palabra del reporte.
—¿Cómo está? —preguntó Vincent con rapidez mientras procuraba mantener la voz serena, aunque el corazón le latía con más fuerza.
Ricko tragó saliva.
—Sigue viva.
Vincent respiró aliviado. La tensión que le agarrotaba los hombros cedió. A