Althea sonrió radiante.
—Tienes razón. Precisamente por eso me encanta tanto la idea de ir de campamento.
—¿Y no amas a quien tuvo la idea? —preguntó Daven mientras se señalaba.
Althea chasqueó la lengua.
—¿Y por qué habría de hacerlo?
—¿Entonces ya no me amas? —Daven la miró incrédulo—. ¿En serio?
—Por Dios, Daven —le advirtió Althea, incómoda, pues temía que otros clientes hubieran oído lo que acababa de decir—. ¿Puedes dejar de decir estupideces?
—No estoy diciendo estupideces —replicó con ai