—¡No! —Evelyn negó con la cabeza, apartando las manos del oficial—. ¡No puedes hacerme esto, Damien! No puedes.
Le gritó a Damien, pero Harriet se interpuso antes de que pudiera acercarse a él y le dio otra bofetada.
Los ojos de Evelyn se abrieron de par en par por la impresión mientras la ira recorría sus venas.
—Esto es por incriminarme hace cuatro años —dijo Harriet y volvió a abofetearla—. Esto es por secuestrarme a mí y a mis hijos e intentar matarme.
Y siguió golpeándola una y otra vez, d