33. La cena azul

Tano:

El tipo nos vio con ojos asesinos, bueno, más bien a mí.

Catalina correspondió al beso con demasiada devoción, y esto me confirmaba que ese beso, con ese tipo no había sido real, que yo era el hombre de su vida y que a pesar de las bajas que habíamos vivido, esto seguía siendo real.

Me aleje de ella y la solté, mientras me saboree los labios y vi al tonto ese directo a los ojos, no bajando el temple, porque no debía hacerlo.

—Buena tarde, nuestra recepcionista nos comunicó que le urgía ha
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