«Capítulo Vigésimo Séptimo»
La princesa Agnes tomó entre sus dedos la vela. Realizó con un apuro inminente un hechizo, sus labios murmuraban en una lengua antigua. Protegería a todos en el castillo del que la malvada bruja había tomado posesión. Se le entregaron cabellos de Anna y una pertenencia de ella, de Klara y de el sacerdote que siempre la acompañaba. Al final, hizo que le entregaran sangre del padre de Vincent porque usaría su linaje para hacer un mal peor a sus enemigos. Las reglas del