Mundo ficciónIniciar sesiónAmbas se apresuraron a entrar al resguardo de aquel amplio techo sobre sus cabezas.
—¡Isabel escucha! —le pidió, girándola para encontrar su mirada y tocar su alma—. ¡Si amas a esta nación, si amas el Reino que osaste servir y guiar durante este tiempo, dejarás el trono para que esa misma nación prevalezca! ¡Las personas de esta isla ahora necesitan que su Reina, deje de serlo!
Isabel no dio respuesta, no tenía palabras, necesitaba pensarlo.
—¡Su Majestad, el Primer Ministro







