Había mucha gente yendo y viniendo, Bella casi se puso a llorar:
—Lucas, te lo suplico.
El hombre no se conmovió. Antes, cuando la miraba, aunque no hubiera amor, al menos había cierta compasión, pero resultó que había estado compadeciendo a una víbora venenosa.
Lucas no quería perder tiempo, le lanzó un acuerdo de divorcio que ya había firmado.
—Firma, y no molestaré más a tu familia.
Bella bajó la mirada para ver la firma vigorosa, luego miró a Lucas. Su expresión era tan extraña.
Aún recordab