Wilhelm toma la mano de Evelyn durante todo el viaje en carro hacia el aeropuerto. Su marido también se ha cambiado, lleva un pantalón de lona y una chaqueta cerrada, pero sigue siendo imponente. El chofer que Wilhelm ha contratado no dice ninguna palabra y la pareja también se mantiene silenciosa.
Evelyn comienza a sentir los nervios florecer, pero le duelen los pies por los tacones y se resigna a ver por la ventana. En un momento dado, pasan junto a la calle en la que, hace apenas poco más de