11. Flores y espinas
—¿Dónde estás? —Murmura Isaac para sí mismo, mientras sostiene contra su rostro los binoculares más potentes que pudo encontrar el fin de semana luego de una visita al centro comercial—. Ya debiste haber llegado, vamos, no puedo esperar a ver tu reacción cuando las veas.
Isaac apuntó su vista al repartidor que se encontraba sentado en la sala de espera. Este sostenía un hermoso ramo de rosas rojas.
El empresario había sido muy específico al solicitarle a la florería que el obsequio fuera entr