El camerino estaba lleno de luces brillantes y el ir y venir del equipo que preparaba a Emma para la sesión de fotos no dejaba espacio a la tranquilidad. La modelo estaba sentada en una silla alta, con un maquillaje impecable aplicado meticulosamente por un artista que se movía como un pintor ante su lienzo. Su cabello ya estaba perfectamente estilizado, cayendo en ondas brillantes que parecían hechas de seda.
A su lado, Vanesa se sentaba en un sofá pequeño, con un frappé de mango en la mano. S