La inesperada llamada desesperó a Jay.
Había trabajado sin descanso durante décadas y utilizado su dinero para construir una red de inteligencia clandestina.
Sin embargo, ahora lo utilizaba para ayudar a James a hacer recados sin ver ni un solo centavo.
“Te pondré al día mañana”, respondió Jay de mala gana.
“Mañana es demasiado tarde. Te daré medio día”, exigió James con frialdad.
Jay hizo una mueca y se quedó pensativo. Investigar a los empleados de una compañía no sería difícil. No era mu