Esa persona era la custodio de la Cámara de las Escrituras.
Ella fue testigo de todo lo que había ocurrido en el Palacio Floret.
Una expresión de preocupación brilló en su rostro intangible mientras observaba cómo la zona se desmoronaba.
“Hacer todo por el bien de tu país y su gente. Encarnas el espíritu de los ancestros de la Tierra, y el mundo necesita gente como tú. Si todos temieran a la muerte, la Tierra no habría sido sellada, sino destruida”.
La custodio habló en voz baja a un volumen