En cuanto llegan a la casa, Noah deja a Elena en el sofá y va de inmediato a la cocina por una bolsa de hielo. Santiago se arrodilla a su lado y la mira con pesar porque sabe que en él hay una verdad que ya no puede seguir ocultando.
—Te juro que no comprendo por qué nuestros padres me odian tanto —Susurra ella muy bajito y a Santiago se le hace un nudo en el estómago—. No veo otra razón por la cual hayan permitido que ese desgraciado se acercara a mí.
—Lamento tanto haberte llevado a la casa…