La boca de Elena se vuelve una fina línea y en lugar de hacer lo que su instinto le dice, eso de irse lejos y lo más rápido posible, se acerca a él acortando la distancia sin detenerse para darle una fuerte bofetada que lo toma por sorpresa, haciéndolo voltear la cara.
—Tú a mí no me llamas puta, ¡tú no me conoces!
—Claro que te conozco —sisea Henry mirándola con odio, la toma por el brazo y la acerca a él con un gesto intimidante que a Elena no le causa nada—. Eres la mojigata a la que le desp