Aquella noche, Elena al fin puede descansar como Dios manda, saber que su hermano ya conoce toda la verdad de lo que había ocurrido en su vida y de cómo había quedado embarazada, le da una tranquilidad mucho mayor.
Por eso, cuando se despierta feliz y sale de la cama con el ánimo de hacer algo divertido aquel día, lo último que espera al abrir la cortina es mirar abajo y encontrarse que frente al edificio está estacionado el auto de Noah.
—Y me dicen terca a mí…
Elena coge su bata y se coloca l