Las dos aves y Darryl zigzagueaban por el aire, moviéndose tan deprisa que apenas se podía alcanzar a verlos.
La escena hizo que Natalia y los ministros contuvieran la respiración, todos rezando por Darryl en silencio.
Finalmente, pasaron diez minutos.
Darryl y las dos aves doradas habían luchado ferozmente en el aire durante incontables asaltos, pero seguían sin tener la sartén por el mango.
De repente, Darryl sintió un pánico indescriptible. Percibía claramente que las dos aves doradas que