Debra y Raquel no se habían tomado ningún descanso en todo el viaje, todo mientras tenían que evitar a los soldados que patrullaban. Se podía decir que estaban mental y emocionalmente agotadas.
Raquel asintió a las palabras de Debra, su humor se aligeró considerablemente.
Sin embargo, justo en ese momento, una veintena de figuras se elevaron desde los cielos, no muy lejos de allí. Todas iban vestidas con armaduras, y estaba claro que eran soldados de la Región Divina que patrullaban los terren