"¡Jajaja!".
Al notar la conmoción y el enfado de Raquel, Scitalis sonrió malévolamente, sin el más mínimo pánico, sino con una excitación y complacencia inconfesables. "Mi pequeña dama, ¿de verdad creías que te sería leal? Si no actuaba antes, ¿cómo iba a pedirte que me ayudaras a eliminar el hechizo prohibido?".
En cuanto terminó de hablar, Scitalis aceleró y blandió su mano tan rápido como un rayo.
En ese momento, Debra volvió en sí. Al ver la situación, gritó: "¡Ten cuidado!".
Estaba a pu