Unos cuantos pescadores que vieron la escena desde la distancia ya no pudieron evitar involucrarse. Se acercaron a los estudiantes para aconsejarles. “Niños, solo páguenles. El dinero es una tarifa para garantizar su seguridad. No pueden permitirse el lujo de ofenderlos; ¡ellos son de la Secta de la Costa! Están condenados si no les pagan hoy”.
Los otros lugareños cercanos asintieron con la cabeza de preocupación.
La Secta de la Costa era una secta ubicada en la Playa Dorada desde la antigüeda