El joven se impacientó y le gritó a la chica: “Suficiente. Ya fueron suficientes tonterías. Tenemos que buscar al Maestro”.
Cuanto más miraba al extraño con marcas por toda la cara, más lo frustraba. Era mejor alejarse de él lo más pronto posible.
Sin embargo, la chica se había encariñado con Darryl y no quería dejarlo.
“¡Señor!”.
La chica lo llamó con absoluta pasión y cariño. “Mi nombre es Yolanda y él es Sergio. Nos has ayudado a ahuyentar esos lobos y aún no sabemos tu nombre. ¿De dónde