Darryl ya no quería hablar con la vendedora. Sacó la tarjeta negra emitida por el Banco Amatista y la arrojó al mostrador. Dijo con impaciencia: "Apúrate, tengo prisa".
Las pocas vendedoras de la tienda se quedaron atónitas. Sin saber qué era una tarjeta negra, se echaron a reír.
Una de ellas explicó: “Señor, tal vez no nos escuchó con claridad hace un momento. ¡El precio del collar es de 65 millones de dólares! ¡No 65 mil dólares!".
Darryl se quedó sin habla. ¡M*erda! ¡Fue de mala suerte enc