”Tú…”.
La bonita cara de Debra cambió abruptamente. Inconscientemente, trató de reunir su energía interna, pero no pudo sentir nada de ella. Su cuerpo estaba débil, por lo que se sentó en una silla.
Debra sabía que no se había recuperado lo más mínimo después de beber la copa de líquido.
No fue solo eso; ella también había comenzado a sentirse mareada.
“¡Maldito descarado!”. Debra se dio cuenta de que la habían engañado. Estaba avergonzada y furiosa; le gritó a Florian.
“Mi hermosa Deb