¡Ford salió corriendo de la cueva con la Espada Maestra de Acero en su mano! No quería matar a esas personas, pero no esperaba que fueran tan crueles como para intentar matarlo con vapores venenosos.
"¡Ya salió! ¡Suelten las flechas!".
Tan pronto como Ford llegó a la entrada de la cueva, escuchó un fuerte grito desde adentro.
¡Fiu! ¡Fiu! ¡Fiu!
Innumerables flechas eran disparadas y caían como gotas de lluvia.
¡Cling! ¡clang! ¡clang!
Ford cojeaba y tenía dificultades para moverse. Frunció e