Capítulo 31

El café en el centro de la ciudad estaba lleno, pero me sentía en una burbuja de aislamiento. El ruido de las conversaciones y el tintineo de las cucharas parecían distantes, amortiguados por el zumbido de ansiedad en mis oídos. Mis manos todavía temblaban tanto que necesité sostener la taza con ambas para no derramar el líquido caliente. Odiaba el control de Alex, pero la cruel verdad era que estaba demasiado aterrada

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