CASSAIN
Escuché a su padre y estoy atónito. —Casi se ahoga.
Esa frase no me sienta nada bien.
Lucian la repite como si estuviera leyendo el pronóstico del tiempo y no una noticia que prácticamente ha deshecho mi existencia.
—¿A qué te refieres con que casi se ahoga? —pregunto, muy bajito.
Estamos en mi oficina ahora; es exactamente un día después de que su padre la trajera de vuelta.
Las paredes de cristal dan a la ciudad, pero ya no veo el horizonte. Veo el agua cerrándose sobre su cabeza y ca