EVELESSA
—"¡Ay!". Siento un ligero dolor de cabeza, miro a mi alrededor y me doy cuenta de que estoy rodeada de burbujas. Recuerdo entonces que cambié por completo como Medusa, que Davina era la imitadora y que le corté la lengua. Me levanto lentamente mientras mi pecho se eleva con una aguda inhalación.
El techo sobre mí brilla con vetas de mármol pálido, moldeado en intrincadas espirales que parecen corrientes oceánicas. Una luz suave entra por los enormes ventanales cercanos, pintando la ha