CASSAIN
Durante unos segundos, me quedo ahí sentado mirándola mientras ella descansa cómodamente en mi regazo, en el asiento del pasajero, como si no acabara de revelar casualmente que fue a visitar al único hombre en el que confío menos que en una serpiente en una habitación llena de ratas.
Su cabello plateado brilla débilmente bajo las luces del estacionamiento.
Tiene sus pies descalzos recogidos bajo el asiento.
Se ve relajada.
Completamente relajada.
Mientras tanto, mi corazón casi me desga