THALRION
—Están muertos.
Las palabras resuenan inútilmente. Como si no lo supiera ya. Como si el hilo que me une a cada hombre que envío no se rompiera en el momento en que su corazón deja de latir. Como si no hubiera sentido caer a cada uno de ellos.
Permanezco de espaldas a la habitación, mirando hacia la extensión interminable de bosque oscuro más allá de mi territorio. Detrás de mí, mis hombres se mueven inquietos. Nadie se atreve a hablar de nuevo porque no queda nada que decir.
Cinco de e