THALRION
—Señor Thalrion... debe hacerme justicia... —oigo sus lamentos antes de verla.
La Reina Fae se ha ido; polvo y cenizas se dispersan en el viento, dejando un vacío que hiede a oportunidad, y ella viene a mí.
Me siento en la tenue luz de mi cámara de guerra, con mapas y pergaminos esparcidos por la mesa de obsidiana, mientras el resplandor parpadeante de las antorchas encantadas proyecta largas sombras en las paredes. El aire huele a hierro y ceniza, con un ligero rastro de magia sobran