Cuando Magnolia oyó esto, un destello de sorpresa apareció en el fondo de sus ojos, es cierto que era una mujer venenosa.
Magnolia habló deliberadamente, —si puedes presentar pruebas...
La señora Vargas, a su lado, estaba tan ansiosa que se adelantó y agarró el pelo de Rosalía, —zorra, ¿cómo te atreves a tenderme una trampa, qué pruebas tienes en la mano?
Rosalía se mofó, —señora Vargas, ¿por qué te enfadas?
—No me llames señora Vargas. Cuando viniste a rogarme y complacerme tan humildemente, ¿n