Los dos se miraron durante un momento.
Finalmente, Ricardo susurró, —No voy a impedir que envíes la médula ósea a Ciudad Sur.
—Es lo mejor.
Magnolia no se demoró más tras verle aceptar.
Dio instrucciones al médico que esperaba fuera, —Prepárate para enviar la médula ósea a Ciudad Sur.
Miró al asistente que tenía a su lado y le dijo, —¿Ya está preparado el helicóptero?
El ayudante asintió, —sí, ahora está esperando en el tejado, en cuanto se envíe la médula, despegará, hacemos la vigilancia de se