Magnolia se levantó tranquilamente y miró a Alexandra, que estaba encogida, —¿Qué has dicho? Me lo he perdido, dilo otra vez.
Alexandra al instante se puso pálida de miedo, —Yo, yo soy la señorita de la familia Vargas, si te atreves a hacerme algo, nunca te dejará ir.
Magnolia se mofó, —¡Bien, entonces vamos a cumplir tu deseo, les desnudaré antes de que la familia Vargas venga a por mí!
Cuando terminó de hablar, los guardaespaldas se pusieron en círculo, atrapando a Alexandra y Rosalía en el ce