Magnolia colgó el teléfono y no recogió nada, con la intención de ir directamente a la azotea y marcharse en helicóptero.
Pero pensó en su anterior encuentro con la señora Vargas en el ascensor, y esta vez subió cautelosamente las escaleras hasta la azotea.
Magnolia jadeó mientras subía al tejado y empujaba la puerta.
La sonrisa se endureció al instante cuando vio al hombre de pie fuera, —¿por qué...?
Ricardo le devolvió la mirada, —¿Por qué estoy aquí?
Magnolia jadeó y se apoyó en la puerta, sa