Ricardo se sorprendió un poco de que Aria le llamara de verdad, casi podía imaginarse la miradita de la llorona con el reloj del teléfono.
Su corazón, siempre frío y duro, mostraba signos de ablandamiento.
—Riqui, me voy pronto y tengo un regalo para ti.
Los finos labios de Ricardo se engancharon ligeramente mientras escuchaba, —¿Por qué me compras un regalo?
—¡Porque me llevaste del aeropuerto al hotel, pude reunirme con mi mami sana y salva! Mi mami dice que hay que saber ser agradecida.
La ad