Después de la ducha, Magnolia abrazó a su hija, —¿Te ha dado miedo salir a sola?
—No, tengo todas mis armas conmigo.
Aria describió cómo le había dado una lección a Gabriel y a esa mala mujer.
Magnolia se alegró mucho al oírlo, después de todo, conocía muy bien el temperamento de su hija, que se negaba a sufrir.
Acarició la cabeza de su hija, —¿Dónde dormiste anoche?
—Durmiendo con Riqui y el asqueroso papá, y me desperté por la mañana y mojé la cama.
Al hablar de este asunto, Aria aún estaba un