Magnolia vio el documento, se quedó de piedra.
Ya se había sentido sorprendida cuando escuchó a la abuela Vargas designar al niño que llevaba en su vientre como heredero. Pero por suerte solo era una promesa de que las cosas podrían cambiar en cualquier momento en el futuro, siempre y cuando ella convenciera a la abuela para que la operación se realizara sin problemas.
Sin embargo, Magnolia no esperaba que la abuela Vargas redactara el documento y se lo hiciera firmar a Ricardo en el acto.
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