Al mediodía salió Rodrigo, —Magnolia, vamos a comer juntos.
—Bueno. Rodrigo, deja que te invite la comida. Me salvaste, no sé cómo agradecértelo adecuadamente.
—Es simple, cásate conmigo.
La expresión de Magnolia era un poco incómoda, y Rodrigo se apresuró a decir, —una broma, no debes tomarlo en serio, vamos a comer.
En ese momento, entró una mujer de mediana edad, —Rodrigo, ¿has terminado de trabajar? Te he preparado sopa de pollo—. Era la madre de Rodrigo, Marta.
—Mamá, ¿por qué estás aquí? ¿