Magnolia pasó el celular a Rodrigo para que leyera la noticia. —Échale un ojo primero.
En ese momento, la mujer que estaba arrodillada se volvió hacia ella, y con lágrimas en los ojos y urgencia, le suplicó: —Señorita Fernández, me disculpo sinceramente contigo. Ya sé que estaba equivocada. No debí armar tanto alboroto sin checar primero. ¡Fue toda mi culpa!
Magnolia arrugó aún más el ceño, sin creer que ella fuera a disculparse sólo porque la compañía fue adquirida. Reflexionó por un momento y