Fue cuando escuchó la voz de David que Magnolia se acordó de que él seguía en el hospital. Se apresuró a ajustar su expresión y se volvió hacia él que se acercaba. —Hermano...
—¿Qué onda, Magnolia? ¿Por qué lloras? ¿Alguien te molestó?
—No es nada. Sólo que fui a ver a la abuela Vargas y me dio la neta ver cómo está —se excusó Magnolia y, rápidamente cambiando de tema, preguntó: —¿Y tú, dónde estabas tú? Te andaba buscando, pero ni en bajada te vi.
—Ah... Terminé de hablar con el médico y salí.