Magnolia apretó los dientes con rabia, aunque decía la verdad, no podía quedar mal delante de él.
Levantó la mirada, —no es asunto tuyo, y además, todas esas mujeres, incluida a Rosalía, ¿son sinceras contigo? Te quieren por tu estatus, ¿no? Cuando eras mi guardaespaldas, ¿esas mujeres te tomaban en serio?
—Al menos, les interesa mi cara.
—Bueno.
El hombre dijo débilmente, —Pero no te interesa.
Magnolia se enfadó al ver aparecer al hombre, pero su rostro carecía de la habitual aura presidencial