—¿Cómo es posible? —gritó Alexandra.
—En serio.
Alexandra recordó entonces que había comprado muchas cosas este mes y que su tarjeta de crédito se estaba agotando.
Alexandra fingió estar calmada, —Me lo llevo, ponlo en mi cuenta y luego lo pagaré.
—Señorita Vargas, no se lo puede. Tiene que pasar por caja antes de poder llevárselo.
Alexandra abofeteó a la dependienta, —Soy la señorita de la familia Vargas, soy la dueña de este centro comercial, ¿no pagaría?
La dependienta se tocó la cara s