—Señor Vargas, es cierto que dije que te quería antes, pero nunca dije que siempre te querría.
—¡Magnolia!
El hombre apretó su barbilla firmemente, mirándola intensamente, y de repente se dio cuenta de que ya no entendía a esta mujer.
Antes, ella siempre estaba a su lado, cuidando de sus necesidades básicas, como si pudiera detectar lo que él estaba pensando y reaccionar de inmediato.
Sus ojos también eran fáciles de leer, llenos de una especie de amor expectante.
Pero de repente, esa mirada des