Odio los deportes. Los odio con toda mi alma. Los detesto, son lo peor del mundo. ¿Ya mencioné que los odio?
Siento que el sudor son lágrimas de mi cuerpo por tanto esfuerzo físico. Mi corazón parece que en algún momento saldrá corriendo de su caja torácica. No siento las piernas. Me duele absolutamente todo.
Y eso que apenas y corrí diez minutos. ¡Diez! Se siente como si hubiera corrido durante largas horas.
-¡Mueve esas piernas, Smith!-gritó la maestra Kely desde una de las bancas.
-¡¿Más