3

Tras rodar unos tres escalones, vio fugazmente a su agresor y sintió pena pues lo consideraba un joven trabajador y honesto. Se llevó la mano a la cabeza y la encontró empapada en sangre, el mareo era bastante así que se quedó quieta mientras pasaba un poco.

Demonios, aquello dolía y empezaba a ver manchas negras. Logró arrastrarse al teléfono para pedir ayuda justo cuando comenzó a sonar.

—Ayuda…

— ¿Morgan?

—Mark… duele…. ayuda…

— ¿Qué te duele? ¿Qué pasó?

—Golpe…él me golpeó…

—Morgan, voy para allá. ¿Puedes decirme si tú atacante sigue ahí?

—Fue sé, fue se…

Morgan quería decir otra cosa, pero estaba confundida, no podía hablar bien, escuchaba a Mark pero no podía responder. Cuando lo que Morgan emitió fue un débil murmullo y luego hubo solo silencio se preocupó. Ya ella se había lesionado en algunas ocasiones cuando niños y siempre era capaz de hablar. Sonaba desorientada, confundida.

Tenía que haberse golpeado la cabeza.

Tras dejar de hablar con Mark, Morgan se puso en pie con mil costos, se apoyó en la pared y fue al baño. Joe iba regresando de un viaje de negocios cuando encontró a Mark bastante afligido y apresurándose a salir.

— ¿Qué pasó con Morgan?

— ¿Cómo sabes que tiene que ver con ella?

—Tu rostro, hijo. Solo cuando algo le sucede te pones así.

—No puedo perder tiempo, ven conmigo y en el camino te explico.

Durante los cinco minutos que les tomó llegar a casa de Morgan, le narró brevemente la actitud de ella durante el día y lo sucedido minutos atrás.  Mientras se abría campo por la propiedad de sus tíos, se alegró de vivir aun con su padre. A ambos les había parecido una buena solución pues nunca estaban mucho tiempo en casa y no tenía sentido hacerse de otra propiedad cuando aquella les venía bien a ambos.

—Mira hijo, la puerta está abierta.

—Lo sé y es lo que más me preocupa.

Joe  desenfundó su pistola y entró  primero. Apenas ingresaron a la casa observaron una pequeña marca de sangre cerca de las escaleras y luego un goteo, que iba hasta el teléfono y luego al baño de visitas. Mientras Mark seguía el rastro, Joe hizo un barrido de la propiedad al tiempo que llamaba a la policía.

Al entrar al baño la vio acurrucada en posición fetal, muy quieta. Cuando colocó sus dedos sobre el cuello de Morgan y sintió un débil pero constante latido, respiró con alivio.

Mientras se quedaba a su lado llamó a la ambulancia.  Joe se unió a él poco después.

— ¿Está…?

—Viva, la ambulancia viene hacia acá.

Mientras veía como los paramédicos le subían en la ambulancia, Joe llamó a sus amigos.

—Joe, has llamado justo a tiempo. Estamos en el club por si quieres llegar.

—Christos, me encuentro en tu casa. Han atacado a Morgan.

— ¿Está viva?

—Sí pero ignoro su condición. Ya la trasladan al hospital.

—Nos vemos allá.

Debido a una fuerte conmoción, Morgan debía permanecer en el hospital cuarenta y ocho horas, además le dieron cuatro puntadas en la cabeza. Para tristeza suya, poco después de que recobrase la consciencia y tras comprobar que estaba bien, sus padres regresaron a casa a descansar.

Unos diez minutos después se quedó dormida. Mark estaba en sentado en una pequeña sala de la habitación privada.

Fácilmente podía decir que su padre estaba enfurecido e indignado  al igual que él. Ambos creían que Christos  e Isabella tendrían que haberse  quedado con ella.

—Basándome en esto puedo comprender la depresión en la que está Morgan.

—Lo sé Pa, por ello he llamado a mis superiores para pedir una semana más.

—No es necesario…

Ambos se volvieron hacia Morgan, quien les observaba detenidamente.

—Mis padres están viejos y se cansan con facilidad.

—Hice averiguaciones Morgan, han estado yendo al club las últimas dos semanas, para eso si tienen energía.

—Debes ir a Quántico, no puedes atrasarte por mi culpa tío. Y en cuanto a Mark…

—Me quedo Morgan y no hay discusión. Aún no han encontrado al responsable.

—Sé quién es….

— ¿Lo sabes?

Morgan tenía dolor, eso era evidente así que Mark accionó el timbre de emergencias que se encontraba en la habitación. Segundos después entraba la enfermera que estaba de guardia.

— ¿Si señor?

—La señorita Meyer tiene dolor.

—No le toca hasta dentro de dos horas.

En una fracción de segundo, Joe se levantó del sillón y encaró a la joven enfermera.

— ¿Pretende decirme que mi ahijada debe aguantar dolor así como si nada?

—No es decisión mía, el señor Meyer dejó la orden para que el médico le administre lo necesario, sin  excesos.

—Eso es poco ético por parte del médico, su deber es garantizarle a mi ahijada lo que necesite para estar sin dolor.

—Señor, no puedo hacer nada pues mi puesto peligraría. Solo puedo seguir las órdenes de mi jefe quien a su vez sigue las del padre de la joven.

—Voy a llamar a inmediatamente a Christos, pero le advierto que si usted está mintiendo lograré que la echen de acá por trato inhumano.

La enfermera dio un paso atrás, Joe era conocido por sus técnicas de intimidación, Mark sentía algo de pena por la pobre mujer.

—Compruébelo señor, si por mi fuera la mantendría sin dolor.

Joe estaba a punto de llamar cuando Mark le quitó el teléfono.

—Hijo…

—Papá, estás demasiado alterado para hablar.

—De acuerdo.

Tras tres timbrazos su tío atendió, sonaba bastante soñoliento.

—Tío…

— ¿Está mi nena peor?  

La sangre de Mark hervía de la cólera, sus tíos deberían estar allí y no descansando. Hablar calmadamente estaba tomando mucho más esfuerzo del que imaginó.

—No tío, pero la enfermera se niega a administrarle más analgésicos y me ha dicho que giraste la orden.

—Así fue.

Mark se quedó muy quieto, eso no podía ser cierto.

— ¿Por qué?

—Mira, ambos sabemos que Morgan es melodramática y consumir drogas de este tipo en exceso es dañino.

—Tío, a Morgan le abrieron la cabeza, no es una simple migraña. Necesita aliviar el dolor…

— El médico no estaba muy de acuerdo pero logré convencerlo, además si el golpe fuese tan serio él mismo me hubiese insistido.

—Aunque no sea serio, a ella le duele.

—Se lo que es mejor para mi hija.

— ¿LO MEJOR, DICES?

Joe observaba que su hijo estaba a punto de decir cosas de las que se arrepentiría luego. En todo caso,  él mismo ajustaría cuentas con Christos. Acto seguido le quitó a su hijo el celular y salió de la habitación. Un par de minutos después la enfermera recibía órdenes de administrar los analgésicos que Morgan necesitase. Ya sin dolor pudo decirles lo sucedido.

—Poco antes de caer pude verle.

— ¿Quién fue, cariño?

—Marco, el hijo de nuestra cocinera.

— ¡Pero si tiene tan solo dieciséis años! —Estalló Mark

—Has acogido a ese pendejo como si fuese tu hermano y así te paga. —Añadió Joe—

—Estoy cansada…

—Descansa pequeña, ya has hablado mucho.

—Mark…

—Dime, cariño.

— ¿Podrías quedarte conmigo mientras me duermo? Después puedes irte a descansar.

—Duerme tranquila, no pienso irme de aquí

—Mark, vete a casa...

—No protestes, no hay poder humano capaz de apartarme de tu lado.

— ¿Tío Joe?

—Dime cariño.

—Gracias por todo.

—Solo arreglé  lo del medicamento, cielo.

—No solo eso, me refiero a conseguir que no me enviasen a un internado.

— ¿Quién cojones te dijo eso?

—Tengo sueño...

—Descansa que no nos moveremos de tu lado.

Mark sabía que su padre estaba alterado.

— ¿Desde cuándo lo sabe?

—Desde que tenía ocho años.

— ¿Y tú?

—Me enteré hace algunas horas, aparentemente...

Mientras le contaba todo lo que su tío le había dicho a Morgan durante  su infancia, Mark veía como su padre pasaba de la incredulidad al dolor por su ahijada, a la furia contra Christos.

—Vete a casa papá.

— ¿Seguro?

—Seguro. Morgan va a dormir toda la noche.

—De acuerdo.

Mark estaba furioso con sus tíos, con las enfermeras que despertaban a Morgan cada dos horas para verificar sus signos vitales, con él mismo.

Tendría que haber dicho algo para evitar que las cosas llegaran a ese punto, por evitarle una infancia tan miserable. Sabía que Morgan estaba siempre sola pero jamás imaginó que no fuese deseada por sus padres, que no recibiera regalos, que mirase como a él le compraban cosas.

¿Por qué no lo odiaba?

Jamás imagino que vivía de esa forma y mucho menos que el tío Christos se lo dijera cuando era apenas una niña de ocho años. Al recordar sus visitas a la empresa de su tío, sentía ira. ¿Cómo podía pensar heredarle a él por sobre ella? ¿Qué clase de monstruo ególatra era Christos?

Pero ya lo escucharía, no se quedaría callado. Así que mientras descansaba llamó al hombre al que hasta antes de charlar con Morgan, quería como a un tío.

—Hola Mark.

— ¿Tío, cómo siquiera pensaste que aceptaría heredar tu empresa?

—No veo cómo pensarías que no eres digno. Eres lo que siempre quise.

—Tienes a Morgan.

—Tonta e ilusa de mi hija, siempre buscando cosas materiales.

—Tú me llenaste de regalos.

—Es distinto, mi heredero debía tener lo mejor.

—Estás mal de la cabeza, considerame excluido de tu maravillosa herencia.

Tras dos días de hospital fue dada de alta, Mark se quedó con ella mientras terminaba de recuperarse. Al joven Marco le habían detenido con cargos de asalto agravado, fue condenado a tres años de cárcel y su madre abandonó la casa durante el proceso, sentía demasiada vergüenza para quedarse allí. Una noche mientras cenaban, Christos empezó a beber y no pudo evitar decir lo que dijo. Isabella le daba la razón asintiendo enérgicamente.

—Tonta Morgan—decía su padre, sin siquiera importarle que Mark estaba ahí— por tu imprudencia perdimos al mejor jardinero que hemos tenido.

— ¿Imprudencia? A Morgan le abrieron la cabeza.

—Si se hubiese quedado cuidando la casa, el pobre muchacho no hubiese entrado. Seguramente se asustó y por eso la golpeo.

—Y perdí a mi empleada, Morgan deberás encargarte de los quehaceres.

Mark se puso de pie y encaró a sus tíos, algo en su mirada les hizo guardar silencio, le miraban con temor tomando consciencia de que habían dejado de ver sus verdaderos YO.

—Si me entero que Morgan siquiera lava un plato, haré esto que han dicho de conocimiento público, sus amigos del club conocerán lo rastreros que son.

Una semana después mientras Morgan terminaba de vestirse pensaba cuanto deseaba evitar aquella tarde, era el último día libre de Mark y ella entraría a la Universidad poco después.

—Hola pequeña. ¿Cómo te sientes?

—Bien aunque apenada  por el atraso que sufriste. Además las cosas van a cambiar mucho.

—Lo sé peque, pero son cambios buenos. Vas a entrar a la Universidad.

—Y papá intentará emparejarme pronto pues ya que los planes de que lo nuestro funcionase no le salieron, está decidido a que le dé nietos. Pero sabes tan bien como yo que mi apellido es una carga.

—Exageras.

—Pero bueno, mejor cambiemos el tema. ¿Cómo está tu mamá? Estos días te has dedicado a cuidarme y no me has contado nada sobre ella.

—Desde que se casó con Max es feliz.

—Ya llevan más de diez años  juntos. ¿Dónde están ahora?

—Viviendo en Francia, Max está de embajador allá. A ella no le importó que él no pudiese tener hijos, siempre dijo que conmigo tenían suficiente.

Morgan estaba inusualmente triste, sabía que estaba apegada a él pero ignoraba que fuese tan serio.

—Te voy a extrañar Mark.

—Yo también pequeña, pero siempre voy a estar a una llamada de distancia, mis superiores me han preguntado sobre dónde quiero trabajar y he pedido quedarme aquí en Washington. Claro que esa sería la sede central, dependiendo de lo que suceda nos trasladaremos a lo largo del país, pero solo me ausentaría pocos días y regresaría acá. Especialmente después de lo que te sucedió, papá y yo nos sentimos culpables por no haber intervenido antes.

—Ya les dije que mis padres son así y no cambiaran. Me acostumbré a ello y no duele mucho. Además ya en la universidad me distraeré bastante.

— ¿Qué hay del tío Christos?

—Él y mamá están bastante felices de que me vaya. Al fin estarán solos.

—Lo vas a disfrutar pequeña, ahora por Dios vamos a comer, me mata el hambre.

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